Al empezar el colegio, conocí a mis compañeros de clase. Al
hablar en Euskera con la familia, llegué al colegio que era bilingüe y no me
manejaba muy bien con el castellano.
Todo el mundo sabía hablar los 2 idiomas perfectamente. A
veces, cuando ellos hablaban en castellano, no les entendía todo lo que decían
y ellos mismos me traducían al Euskera y así fui aprendiendo poco a poco.
Teníamos una buena relación, solíamos jugar en el patio y también
nos apuntábamos a las actividades extraescolares y nos lo pasábamos genial.
A medida que fuimos creciendo nos convertimos como hermanos.
Los profesores admiraban el buen rollo que teníamos en clase ya que estábamos
muy unidos todos.
Después de hacer la comunión empezamos a salir por las
tardes. Solíamos quedar todos los sábados para ir a misa y después a merendar y
a día de hoy, aunque estemos en la universidad y ya no coincidamos en el
colegio, no hemos perdido el contacto y solemos vernos cuando podemos.
Me alegro mucho de haber conocido a las personas que hoy en día
forman una gran parte de mí, ya que cuando tengo algún problema o necesito
ayuda, son los primeros que están ahí para echarme una mano.
Hemos vivido muchas historias, y espero que sean muchas mas
las que nos queden por vivir.